sábado, 12 de julio de 2008

Un aNgEl cAiDo!!!

El Corazón Ardiendo de un Ángel Caído!!!
En un lugar encantado encontré a un Ángel. Este era inofensivo, tenía una mirada tierna y un entristecido rostro. Le pregunté el por qué de su posición arrodillada mas no movió los labios y sólo se echaba a llorar. El encendido brillo de su piel no eran comunes, era una cuestión sobrenatural; estoy seguro que su mirada penetrante era única en este mundo; dentro de sus ojos, a manera de rayos, podía ver sus lamentos; su respirar era lento y forzado. Con dificultad observé que la posición de sus manos tenían otro fin que el de enviar rezos al divino del más allá; más bien, éstos ocultaban la parte izquierda de su pecho, donde alcancé a ver unos destellos de luces blancas que lastimaron mis ojos por unos segundos por su encendida brillantez.

Entonces traté de imaginar el origen de su mal. Supuse que sus murmuros a manera de lamentos eran por sentirse sólo y que lo abandonaron los suyos por un mal comportamiento de éste. Pero de qué me serviría construir falsas verdades para ayudarlo.

Me acerqué y lo que provoqué es que el Ángel se alejara de forma tan rápida que no alcancé a ver. En mis pensamientos le dije: No te haré daño, sólo quiero ayudarte, soy tu amigo, no te alejes.

Lo que provocó el primer movimiento en sus labios al contestarme: - No!!! No puedes, nadie podrá, mi vida ya no existe. Arrancaron de mí mi más preciado diamante dorado. Me aferré a ella porque en mí empezó a nacer un sentimiento que entre los míos está prohibido. – Y se echó a derramar lágrimas de manera inconsolable.

Intenté acercarme por segunda vez y pronuncié estas palabras: - Déjame ayudarte. Mis buenas intenciones las verás en mis acciones, pero dime ¿Qué provocó todo este sufrimiento en ti?

Una sonrisa iluminó su rostro y alcancé a oír esto: - No es necesaria tu ayuda. Te lo agradezco pero no. Déjame y márchate lejos de aquí que no quiero que nadie me vea así; pero antes te lo diré, te contaré todo. Lo habrás notado, no soy de la tierra, vengo de un lugar por el que todos en algún momento pasarán. Es falso lo que pensaste hace un momento, nadie me abandonó. Provengo del cielo, donde siempre he vivido al lado de seres celestiales, quienes al igual que yo, son de semejanza física a mí. Como en todo lugar, habitaba entre nosotros una bella Ángel, quien no era del cielo, sino de un lugar más puro. Siempre fue mi compañera perfecta y éramos inseparables, fue ahí cuando sin darnos cuenta empezamos a sentir de manera distinta. El uno por el otro sentíamos que nos conocíamos desde antes de nuestros nacimientos. Esa amistad pasó a convertirse en amor. Fue incontrolable. A veces, dentro de mí luchaba por quitarme este sentimiento, rogaba para que esto pasara; sin embargo, fue en vano, el tenerla cerca hizo que esto aumentase de forma infinita. Llegó un momento en el que se lo dije en medio de lágrimas rojizas. Le dije cuanto la amaba, le dije que mis sentimientos son puros, que el amor llegó a mí puerta en su persona. Le dije que quería vivir amándola en toda la eternidad. Le dije con un beso que era el ser más celestial que ha existido y que me vida daría por la suya. Más ella desfalleció y al despertar sus lágrimas inundaron mi corazón de forma inexplicable y pronunció estas palabras: - Oh!!! Toda una vida esperando por este glorioso momento. Discúlpame por no ser yo quien lo haya dicho primero. Discúlpame por la cobardía que siempre me afligía. Discúlpame. Viviría contigo hasta el fin de nuestros días. Dejaría el cielo por ti. Dejaría todo por disfrutar ambos de este amor.

Y así fue que tuvimos días indescriptibles donde el amor llegó a la cima. Fue ahí donde el amor fue verdadero amor. Fue ahí donde la felicidad verdadera se apoderó de ambos y nos aferramos a ella con cierto miedo.

- ¿Miedo a qué? Le dije.

- Miedo a las leyes del paraíso – pronunció. Miedo al divino y sus leyes. En el cielo está prohibido amarse de la forma en que nosotros lo hacemos. El amor entre seres de distintos géneros es imposible. El amor existe pero es amor familiar, éste es el único que existe. Todos en el edén somos una familia y el amor que existe entre ella y yo no está permitido.

Entendía con una profunda tristeza lo que pasaba y era cierto, era inservible mi persona en esta situación. – ¿Pero qué haces en este lugar? Pregunté.

- Te hablé de leyes hace un momento – me respondió. El divino se apiadó de nosotros y nos dejó seguir existiendo. Nos dijo que el paraíso no es la tierra, que sólo los humanos pueden gozar de este sentimiento, que nosotros vivimos para darles felicidad a ustedes, que el amor que existía entre ella y yo tenía que ser castigado. Y fue así que a ella le quitó la memoria y los sentimientos que nacieron cuando me conoció, ella vivirá como siempre tuvo que hacerlo.

- ¿Y tú? – Insistí.

- Yo fui enviado a la tierra. ¿Miras la brillantez de mi pecho? Mi corazón dejará de ser mío, cuando ocurra esto desapareceré y la persona que él escogió en su tierra sin sentirlo

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